Conclusiones sobre la Cumbre del Clima de Madrid (COP25)

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Un mes antes de la cumbre, las cosas empezaban a torcerse con la imposibilidad del país anfitrión de la COP25, Chile, para poder albergar el evento debido a los disturbios sociales que acontecen en el país andino.

La COP25 de Madrid y su falta de acuerdos de acción climática

De repente, la luz se hace de nuevo con el ofrecimiento de España para celebrar en su capital esta cumbre. ¡Tan cerca de nosotros! ¡en Madrid! ¡podremos seguir de primera mano los avances que tanto necesitamos en protección del clima!

Sin embargo, la Cumbre del Clima más larga de toda la historia ha culminado no contentando a nadie, ¡ni siquiera a los que quieren seguir contaminando por todos los medios!

Os vamos a adelantar nuestra conclusión: ha prevalecido el interés de unos pocos sobre la acción climática que requiere nuestro Planeta

No se ha hecho caso a la ciencia, ni tampoco al incipiente pero decidido movimiento juvenil, que por otra parte, es una de las bazas en las que más confiamos.

Sin ir muy lejos, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, se ha mostrado en público seriamente decepcionado con los resultados de esta conferencia, aunque en su ánimo queda no rendirse en la lucha contra la crisis climática.

En un repaso somero sobre lo tratado en esta COP25, entre los acuerdos logrados encontramos los relacionados con la construcción de capacidades, los programas de género y la tecnología.

Podemos observar el especial protagonismo que se le da al vínculo entre los océanos y los usos del suelo con el cambio climático, como respuesta a los informes especiales del IPCC publicados durante 2019. Así se ha anunciado para mediados de 2020 la celebración de un diálogo sobre los océanos y otro sobre usos del suelo.

Estos puntos contaron con la oposición frontal de Brasil pero salieron adelante gracias al apoyo de países como Costa Rica, Belice, Australia, Noruega, Tuvalu, la UE, Islas Marshall y España.

También se ha acordado un nuevo Plan de Acción de Género que permitirá desarrollar medidas para dar respuesta al efecto desigual del cambio climático en mujeres y niñas, y a promover su papel como agentes del cambio en este proceso hacia un mundo libre de emisiones.

Este nuevo plan que estará vigente hasta el año 2025, momento en el que se tendrá que revisar, pretende lograr más participación de las mujeres en la negociación internacional, y asegurarles un papel activo en la toma de decisión a escala nacional.

Aunque en la cumbre no se ha establecido un nuevo mecanismo de financiación para daños y perjuicios, sí se ha acordado dar directrices al Fondo Verde para que amplíe su ámbito de financiación, y que, además de dirigirse a mitigación y adaptación, por primera vez destine recursos para las pérdidas y daños que sufren los países más vulnerables y afectados por los impactos de los fenómenos climáticos extremos.

Sin embargo, sin fondos nuevos, los más indefensos no contarán con suficientes recursos para recuperarse y reconstruir sus vidas después de efectos climáticos cada vez más intensos.

También nace la Red de Santiago que permitirá canalizar asistencia técnica de organizaciones y expertos a estos países vulnerables, mejorando de este modo su capacidad de respuesta a los efectos del calentamiento global.

Esta era una de las cuestiones más demandadas por los pequeños estados insulares que sufren de manera más directa los impactos más severos del cambio climático.

Presidencia de la COP25 de Chile celebrada en Madrid

En la parte negativa, ya sabemos que no se concretaron mayores avances debido a los desacuerdos entre las partes en los asuntos de mayor calado.

También es significativo que fueron muy pocos los países que presentaron planes con compromisos concretos de recorte de emisiones en línea con los objetivos del Acuerdo de París.

En este sentido, y ya en el tiempo de descuento de la COP25, se instó a todas las naciones a presentar metas más ambiciosas de reducción de esas emisiones en la próxima COP26 de Glasgow (Escocia).

Si has seguido un poco el transcurso de esta cumbre habrás podido observar que gran parte de las negociaciones han tratado sobre los aspectos técnicos de la regulación de los mercados mundiales de carbono y cómo equilibrar entre los países la reducción de las emisiones, con la Unión Europea y muchos países en desarrollo ejerciendo presión para llegar a un acuerdo que finalmente no llegó.

Si revisamos el Acuerdo de París en su artículo número 6 en él se tratan los mercados de dióxido de carbono y el desarrollo de mecanismos de intercambio de derechos de emisiones entre países y empresas para así compensar la expulsión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Este punto ya fue tratado sin mucho éxito en la COP24 de Katowice (Polonia), y en esta ocasión tampoco se ha tenido mucho éxito.

Con la presencia, más o menos descafeinada, de los grandes países contaminantes (Estados Unidos, China, India, Japón, Brasil y Arabia Saudí, entre otros) se ha pretendido sin éxito que asumieran su responsabilidad en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Con una postura de bloqueo, y sin atender por ejemplo a las demandas de los países más vulnerables, los grandes contaminantes se han negado a intensificar los esfuerzos en este sentido, poniendo su propio el beneficio por encima de la crisis climática y del futuro de las próximas generaciones.

Podemos decir que, con la excepción de la Unión Europea, los grandes países emisores han dado pruebas de su irresponsabilidad ante un escenario climático que requiere ya  de medidas urgentes.

La falta de avance en la acción climática es un motivo de frustración para todos nosotros, no siendo suficientes los llamamientos de la sociedad civil y de la juventud, incluidos los de Greta Thunberg, para cambiar esta tendencia anodina.

Del mensaje de la joven activista nos gustaría resaltar algo que nosotros venimos repitiendo desde hace tiempo: somos nosotros, a título individual y colectivo, los que tenemos que movilizarnos y pasar a la acción, cada uno siempre en la medida de nuestras posibilidades

La joven activista climática, Greta Thunberg

Un hecho preocupante a remarcar es que, según estudios científicos, con los actuales compromisos de reducción de emisiones, nuestro Planeta va a alcanzar un incremento medio de temperatura de más de 3ºC a finales de siglo, lo que garantiza un escenario dantesco para la vida en la Tierra tal y como la conocemos hoy en día.

¿Qué requeriría mantenernos en el intervalo marcado en el Acuerdo de París? Pues algo nada sencillo en el contexto actual: tendríamos que reducir las emisiones a partir de 2020 a un ritmo de 7,6% al año para cumplir con la meta de un calentamiento global limitado a 1,5 grados.

En definitiva, no lograr avances en la acción climática es un lujo que no nos podemos permitir, y quizás cuando echemos la vista atrás ya será demasiado tarde para tomar esas medidas urgentes y ambiciosas que requiere la emergencia climática.

Siempre nos queda apelar al compromiso de todos y trabajar de manera decidida para que este 2020 que vamos a iniciar sea el año en el que los países hagan caso a lo que la ciencia nos está diciendo y se inicien los planes para ser neutrales en carbono y no sobrepasar esa barrera de esos 1,5 – 2ºC de aumento de la temperatura del Planeta.

Tic, tac, tic, tac. Avanza de nuevo el reloj hacia una nueva cumbre climática

¡En manos de todos está que no sea una nueva decepción!

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Fuente original: https://www.ecointeligencia.com/2019/12/conclusiones-madrid-cop25/

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