El maravilloso “lenguaje” de las abejas

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Figura 1. Abeja de la miel (Apis mellifera) polinizando una flor gracias a sus numerosos pelos en cabeza, tórax y patas, siendo unos de los mejores polinizadores del reino animal (Dugatkin, 2013).

Figura 1. Abeja de la miel (Apis mellifera) polinizando una flor gracias a sus numerosos pelos en cabeza, tórax y patas, siendo unos de los mejores polinizadores del reino animal.

La importancia de la abeja de la miel (Apis mellifera) para nuestro planeta como polinizador (Figura 1) es muy bien conocido por todos. Tanto es así, que la ONU declaró el día 20 de mayo de 2019 como Día Mundial de las Abejas, con el objetivo de concienciar sobre la importancia que tienen en la alimentación y en la economía. Además, la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha reivindicado el papel esencial de estos insectos en la seguridad alimentaria, en la conservación de la biodiversidad y en la alerta de los riesgos ambientales. Pero, ¿cuánto sabemos realmente de estos animales? ¿en algún momento os habéis llegado a preguntar cómo funciona el mundo de las abejas? Pues bien, seguramente tras terminar de leer este artículo cambiará, no sólo vuestra visión sobre estos seres, sino también cómo veis la naturaleza. En esta ocasión, nos centraremos en el significado del “baile de las abejas.

Figura 2. El etólogo Karl von Frisch ganador del Premio Nobel en 1973 (Goodenough, et al. 2010).

Figura 2. El etólogo Karl von Frisch ganador del Premio Nobel en 1973.

La investigación llevada a cabo por el zoólogo austríaco Karl von Frisch (Figura 2) sobre el lenguaje visual de las abejas le valió el Premio Nobel de Fisiología en el año 1973. Fue durante la segunda guerra mundial cuando descubre el curioso comportamiento que tenían las abejas cuando salían en busca del alimento. Con la posterior publicación de su libro en el año 1946 titulado “El baile de las abejas”, Karl von Frisch describe como las abejas se comunican entre sí para indicar dónde se encuentra la fuente de alimento. Nacido en Viena (Austria) en el año 1886, obtuvo el doctorado en zoología en el Instituto Zoológico de la Universidad de Münich en el año 1905. Se dedicó casi cincuenta años al estudio de las abejas, además de otras especies (Munz, 2005; Goodenough, et al. 2010; Couvillon, 2012).

En una colmena se distinguen distintos tipos de abejas. Las “abejas exploradoras” salen de la colmena para buscar alimento y cuando vuelven a ella, describen a las “abejas recolectoras” dónde se encuentra la fuente de alimento (Drickamer, et al. 2002: Sánchez López, et al. 2014).

Figura 3. La abeja realiza una danza circular seguida por otras dos que captan sustancias secretadas por la exploradora (Carranza, 2000).

Lo que descubrió Karl von Frisch es que la abeja exploradora realiza dos tipos de bailes, seguidas por otras abejas en contacto con sus antenas y cabezas. El tipo de baile depende de la distancia donde se encuentre el alimento:

  • Baile del círculo: si está cerca de la colmena (a menos de 80 metros), informa al resto de su posición trazando círculos sobre la superficie de la colmena (Figura 3) (Carranza, 2000; Dugatkin, 2013; Sánchez López, et 2014).
  • Baile en forma de ocho: si el alimento se encuentra lejos, la exploradora realiza una danza más compleja trazando dos círculos en sentido opuesto, con la forma de un amplio ocho, que al llegar al eje central del mismo agita las alas y el abdomen (Carranza, 2000; Goodenough, et 2010). Cuando el alimento se encuentra lejos se transmite la distancia, la calidad y la localización. La distancia es codificada por el tiempo que tarda en recorrer el eje principal del ocho: cuanto más tiempo dure más lejos está la fuente de alimento. La calidad depende de la intensidad con la que agite las alas y abdomen en el eje central del ocho: a más intensidad más rica es la fuente de alimento. Y, por último, la localización la transmiten formando un ángulo en el eje central del ocho con respecto al sol que es el mismo ángulo que forma la fuente de alimento con el sol (Figura 4). Tienen la capacidad de percibir el movimiento del sol y adaptar el ángulo con la posición de su danza. En colmenas verticales el ángulo que forma es con respecto a la vertical (Figura 5). Cuando el cielo está nublado, captan la luz ultravioleta (Carranza, 2000; Dugatkin, 2013; Sánchez López, et al. 2014).

    Figura 5. En una superficie vertical, se orienta por la gravedad y sustituye un punto directamente por encima del sol. El ángulo θº entre el sol y la fuente de alimento es el mismo que entre un punto directamente sobre la superficie y la fuente de alimento (Drickamer, et al. 2002).

    Figura 4. En una superficie horizontal, el recorrido recto apunta directamente hacia la fuente de alimento (Drickamer, et al. 2002).

La disminución de la población de abejas en los últimos años preocupa a los investigadores que tras nuevos estudios han podido observar que a través de la danza realizada por las abejas exploradoras pueden ver las estaciones en las que hay mayor o menor cantidad de alimento. Esto es utilizado como indicador para ayudarlas con mayores plantaciones con flores según la estación del año (Couvillon, et al. 2014). Podemos decir que la danza de la abeja de la miel puede ser utilizada para su conservación (Couvillon, 2012).

El descifrado del baile de las abejas es uno de los grandes descubrimientos en el mundo de la investigación animal. Las abejas de la miel son muy importantes para el futuro de la humanidad dada la gran capacidad de polinizar flores necesarias para el hombre. Su conservación es fundamental para poder proteger las poblaciones actuales y evitar su disminución. Karl von Frisch nos regaló esta maravilla que cualquiera puede observar con solo acercarse a una colmena. Este es seguramente uno de los pocos estudios galardonados con el Premio Nobel que cualquier ciudadano puede observar a simple vista.

Pablo Alberti Romero, @Alberti_SFC
Graduado en Biología (Universidad de Sevilla)

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Referencias:

  • Carranza, J. 2000. Etología. Introducción a la Ciencia del Comportamiento. Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, Cáceres.
  • Couvillon, M.J. 2012. The dance legacy of Karl von Frisch. Insectes Sociaux. 59: 297-306. doi: 10.1007/s00040-012-0224-z.
  • Couvillon, M.J., Schürch, R. y Ratnieks, F.L.W. 2014. Waggle Dance Distances as Integrative Indicators of Seasonal Foraging Challenges. PLOS ONE 9 (4): e93495. doi: 10.1371/journal.pone.0093495.
  • Drickamer, L.C., Vessey, S.H. y Jacob, E.N. 2002. Animal behavior: Mechanisms, Ecology, Evolution. Ed. McGraw-Hill.
  • Dugatkin, L.A. 2013. Principles of Animal Behavoir. 3rd Ed. W.W. Norton y Company.
  • Goodenough, J., McGuire, B. y Jakob, E. 2010. Perspective on Animal Behavior, 3rd Ed. Wiley.
  • Munz, T. 2005. The Bee Battles: Karlo von Frisch, Adrian Wenner and the Honey Bee Dance Language Controversy. Journal of the History of Biology. 38: 535-570. doi: 10.1007/s10739-005-0552-1.
  • Sánchez López, S. y cols. 2014. Etología. La ciencia del comportamiento animal. Editorial UOC, S.L.

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Contenido publicado orginalmente en: https://blogsostenible.wordpress.com/2019/09/05/maravilloso-lenguaje-baile-abejas/

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