Centros urbanos sostenibles: entre el parque temático y la ciudad habitable

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Texto de Andrés Walliser para Urban Social Design, en el marco del experience Regeneración sostenible de centros urbanos (USDE) «Los centros históricos de las ciudades han albergado tradicionalmente una serie de funciones que generan usos diversos desde el punto de vista de la representación, el simbolismo, la actividad económica, residencial, burocrática y turística. Su acelerado dinamismo constituyen el motor de transformación de la ciudad, que deviene en espacio urbano especializado cada vez mas hacia actividades que atraen a determinados grupos sociales y expulsa o segregan a otros. Por “tematización” del centro histórico nos referimos a la iconización de determinadas zonas del mismo orientadas a la especialización para un público de visitantes de distintos niveles. Gradualmente los usos vinculados con la actividad residencial sostenible se van viendo desplazados por otros enfocados en el consumo para los nuevos flujos de visitantes o residentes en su mayoría temporales. La tentación de “re-habilitar” barrios centrales a menudo en proceso de degradación social, económica y urbana pasa por reinventarlos mediante diversas estrategias que en general conducen a espacios urbanos muy especializados que se articulan con marcas de ciudad orientadas a “poner en el mapa” nacional, continental o global a la ciudad en cuestión. En algunos casos la “habitabilidad” de los barrios rehabilitados o de zonas sustanciales de ellos se reduce por los cambios de uso, generalmente de residencial a terciario (oficinas y comercial especializado) desapareciendo el comercio de proximidad, y la apropiación de los espacios públicos por parte de los nuevos flujos de visitantes a la luz de la recobrada centralidad de estas partes de la ciudad. En el proceso y según la calidad del parque inmobiliario los centros se transforman también en escenarios de apropiación de experiencias simbólicas asociadas con las cualidades intrínsecas de las diversas etiquetas que genera la tematización o la mercantilización de las imágenes del centro: la bohemia, la experiencia histórica, la hipercentralidad, o la accesibilidad a los grandes equipamientos comerciales y culturales. Estos procesos de apropiación no siempre devienen en escenarios de expulsión inmediata, sino que los usos tradicionales sirven de alimento o justificación de los nuevos valores y usos que el centro pasa a tener. Los usos tradicionales (comercio, residencia, localismo, comunitarismo) pese a poder presentar también degradación, desigualdad, segregación e injusticia, son alimento de esas nuevas imágenes icónicas. Ciutat Vella en Barcelona es quizá el ejemplo mas intenso de estos procesos en los que se combinan largos procesos de regeneración urbana de carácter innovador y participativo, con la apertura a la ciudad de grandes flujos de turistas y residentes temporales atraídos por un reclamos de la Marca de la Barcelona post-olimpica. Esta Marca transciende el mítico Modelo Barcelona pese a este imbuido en él y es fruto de la promoción institucional, de la gobernanza urbana y metropolitana entre administraciones públicas y grandes grupos privados (atrayendo y generando un destinos low-cost), y de la propia dinámica de negocio del sector inmobiliario formal e informal mediante la oferta de nuevas plazas hoteleras o de apartamentos de alquiler por días o semanas legales o ilegales. El producto Barcelona, incorpora cánones de ocio colectivo que incluyen la posibilidad de habitar en el centro histórico, vivir estilos de vida que mezclan estereotipos culturales (ciudad y vida mediterránea, ) con nuevos aditivos (diseño, tolerancia, sostenibilidad o cosmopolitismo), pero que también se alimentan simbólicamente y en términos de intercambio de la degradación que aportan actividades ilegales como la explotación sexual en torno a la prostitución o el trafico de drogas ilegales. Un ejemplo es la activación de estas dos actividades en las zonas de El Raval “abiertas” a los flujos de visitantes globales pese a las operaciones urbanísticas que han perseguido durante años la erradicación de meubles y prostíbulos. El espacio público en el Barrio Chino vuelve a recobrar o a recordar sus tiempos esplendor con las llegadas de la Sexta Flota en los años 50 y 60. El Chino era en su época un parque temático para sus visitantes que no sus habitantes, hoy vuelve a serlo pero atrayendo a su vez residentes globales que conviven los sucesores, migrantes del sur global, de los migrantes del sur peninsular que habitaban en barrio de forma relevante hasta hace una década. El ejemplo de Barcelona muestra como los procesos en los que los centros históricos se convierten en parques temáticos de si mismos o de narrativas ideales y canónicas de la ciudad son a menudo fases intermedias por las que los barrios atraviesan una vez que se han abordado políticas de regeneración desde estados de degradación graves hasta alcanzar la integración total en la “ciudad perfecta” en la que pobreza, injusticia social y exclusión son desplazadas, vaporizadas o arrancadas aunque raramente abordadas integralmente. Las políticas que intentan atraer turistas, visitantes y clases creativas en régimen temporal a menudo no están articuladas con aquellas otras que luchan contra la degradación social y urbana referida.»

#usde #regurbana 1/8 Parque temático y ciudad habitable

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