La cara amable de la pandemia: más segunda mano, menos despilfarro

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En la actualidad, una de cada tres personas en España consume más artículos de segunda mano que antes de la pandemia. Sin embargo, durante la ‘vieja normalidad’, la cifra rondaba una de cada cinco. Ese es el dato duro que aporta Rob Cassedy, CEO de Wallapop (referente español en la venta online de productos de segunda mano) en la segunda edición del estudio Red del Cambio (2021). Y es que los nuevos hábitos de consumo forman parte de ese compendio de nuevas realidades que nos dejó ese virus que borró (y sigue borrando) la sonrisa al mundo con una mascarilla.

La covid-19 lo cambió todo y, aunque pueda resultar paradójico, algunas transformaciones ocurrieron en positivo. Ya es un hecho que los consumidores cada día son más responsables y están más comprometidos con el desarrollo sostenible respecto a lo que necesitan y adquieren (y, sobre todo, respecto a aquello que ya no utilizan). Un cambio que difícilmente dará marcha atrás.

La adopción de hábitos como el ahorro y la precaución ante gastos innecesarios han sido algunos de los cambios notables

¿Existe entonces una relación entre la pandemia y la idea de una comunidad de consumidores que apuestan por la sostenibilidad del planeta? El estudio así lo demuestra. Desde el inicio de la crisis sanitaria, argumenta, la adopción de hábitos como el ahorro y la precaución ante gastos innecesarios, así como la reducción de residuos y el reciclaje, han constituido parte de los cambios más notables en los patrones de consumo españoles durante este último año y medio. Como dato: para más de la mitad de la población de este país (55%), el cambio climático es la principal preocupación medioambiental.

No queda muy lejos la contaminación de los mares, que inquieta al 42% de los españoles. Además, según calcula el documento, la mitad aseguró estar más concienciada ahora acerca de la sostenibilidad del planeta. Y siete de cada diez personas han reflexionado sobre si realmente es indispensable comprar algo antes de hacerlo. En definitiva, la preocupación por el planeta es una realidad presente en la agenda pública y no una moda.

Ahora bien, ¿todas las personas están igual de comprometidas respecto al consumo responsable? No. Y la edad es un gran determinante. En estos términos, nos encontramos ante tres categorías: consumidores en red, conectados, y desconectados. Los primeros (en su mayoría, mujeres de entre 24 y 39 años) son los más activos e involucrados. Para ellos, el consumo de segunda mano es una prioridad. Además, fomentan la economía local y apuestan por el compromiso social hacia el reciclaje y la reducción de residuos a corto plazo. Y lo más importante: consideran que individuos, instituciones y empresas son corresponsables en el bienestar del planeta.

Todavía existe un grupo de ‘desconectados’ que no muestran la menor intención de realizar cambios sustanciales en materia de sostenibilidad

Los segundos (hombres y mujeres de entre 40 y 60 años), los conectados, no están tan implicados como los primeros, pero tienen presente la apuesta por la sostenibilidad y se muestran activamente preocupados por el cambio climático. Igual que los consumidores en red, priorizan el consumo de segunda mano. Sin embargo, consideran que el individuo (como consumidor activo) es el motor de cambio más importante (sin dejar de lado a las empresas e instituciones).

Por último, los desconectados (principalmente, varones entre 40 y 54), quienes, en definitiva, se muestran indiferentes (y apáticos) ante los temas medioambientales. No incorporan nuevos hábitos de consumo en su modus vivendi. Por supuesto, tampoco tienen menor intención de realizar cambios colectivos sustanciales. En conclusión, son los que menos perciben los beneficios ecológicos y sociales que genera el mercado de segunda mano.

Acerca de este último perfil de consumidor, María Negro, autora del libro Cambia el mundo: 10 pasos hacia una vida sostenible (Zenith), se muestra crítica. Para ella, como lo sostiene en una tribuna de El País, este inmovilismo «es una actitud peligrosa, porque nos incapacita para dar pequeños pasos hacia nuevas realidades». Por eso, Negro habla de las acciones que tienen la capacidad de crear una sociedad más sostenible, como pensar en qué prendas usamos y qué es lo que comemos, así como reflexionar sobre el transporte, además de los residuos que generamos y la forma en que estamos consumiendo. En pocas palabras, para ella es completamente falsa esa creencia que dice «no puedes cambiar el mundo, no lo intentes». ¿Por qué? Porque la acción individual es imprescindible para lograr un cambio real.

Una responsabilidad compartida

Si la conducta individual es clave, ¿quién liderará el cambio para la sostenibilidad del planeta? La sociedad ya demanda que gobiernos y empresas sean responsables. De hecho, según el estudio, más de la mitad de la población en España considera que el Gobierno fallará si no actúa contra el cambio climático. Y casi en la misma proporción reconocen que las políticas de sostenibilidad afectan su decisión de voto.

No es posible predecir hasta cuándo los efectos de la pandemia seguirán presentes en nuestras vidas. Mucho menos cuánto transformarán nuestros hábitos. Lo que queda demostrado es que el consumo responsable ya se interpreta como una necesidad urgente y hoy, más que nunca, la segunda mano juega un papel primordial en ello.

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